La búsqueda de algo llamado arte

por Jorge Caná
Alumno del Diplomado en Fotografía 2015

Ensayo para Teoría de la Imagen II
Impartido por Luisa González Reiche

El arte es quizás lo más ambiguo que existe. Es tan difícil interpretar lo que éste significa como definir qué entra o no en la categoría de “arte”. Dentro de ello, incluso, cabe preguntarse: ¿qué diferencia a un objeto ordinario y vulgar de uno artístico?

Fotografía por Jorge Caná

Para entender lo que significa arte es necesario entender la esencia del ser humano e indagar en su origen, la historia nos cuenta la fascinante travesía de una criatura insignificante que logra superar la adversidad y sobresalir de otras especies. La finalidad de los seres vivos es la preservación de su especie y la constante evolución, con la finalidad de perfeccionar la capacidad de sobrevivencia y mantener vigente su código genético en la gran biblioteca de la vida terrestre. De la misma manera, esa es la máxima necesidad del ser humano: la necesidad de superviviencia ha definido su desarrollo. Así, el ser humano se adaptó periódicamente a su entorno, pasando de ser una criatura insignificante a ser la especie dominante sobre la faz de la tierra, este dominio sólo fue posible gracias al desarrollo de la mejor arma del ser humano: la inteligencia.


La inteligencia es la carta de triunfo en la carrera evolutiva del ser humano. A partir de la revolución cognitiva, el homo sapiens empezó a crear, y crear es hasta hoy la actividad suprema del ser humano. En el momento que el hombre adquiere conciencia de sí mismo y de su entorno deja de ser una especie más: se convierte un observador del mundo. Sin embargo esa conciencia también determinaría el fin de su libertad, pues con esta el ser humano comenzó a limitar sus comportamientos, creando conceptos como el de la autoridad divina, el bien y el mal.

El ser humano, ahora consciente, actúa no sólo en pro de su existencia biológica, sino también en favor de extender por las mareas del tiempo su identidad, el acto de crear ahora no solo tiene el objetivo de preservar la vida, sino también el de preservar y crear la identidad del individuo, y alcanzar la trascendencia. Esta revolución no hubiese sido posible sin la ayuda del uno de los instintos más primitivos del ser: El miedo.

El ser humano crea, crea para existir, y para ello se ha manifestado de diferentes formas a lo largo de la historia. En esa búsqueda constante nace la expresión y de la mano de ello, el lenguaje evoluciona también. Este responde a la capacidad del ser humano de transformar su experiencia sensorial y conciencia en una forma de expresión sígnica. Dentro de estas formas de expresión nace el arte: la máxima expresión del ser humano.

El arte es una creación humana con carácter universal, posee un discurso que le hace portador de un valor de verdad cuyo fin podría ser la expresión de la esencia de un individuo. “Podría ser” pues el arte ha tenido muchas formas durante las distintas etapas del ser humano, ha tenido un carácter representativo, como el utilizado por el hombre primitivo durante el paleolítico y neolítico, teniendo un fin quizás práctico. El arte también ha sido el lenguaje universal de la belleza, una manifestación capaz de trascender fronteras, tiempo y lugar. El arte como la búsqueda de belleza, es el reflejo de la necesidad del ser por la perfección, el camino hacia el perfeccionamiento es un camino de trascendencia individual movida por una visión más romántica de la realidad, creando un espacio ilusorio meramente sugestivo. Esta forma del arte, responde a la idealización que el ser humano ha experimentado a partir de esa concepción de su propia conciencia y realidad, inventando el concepto del ideal o “ un modelo a seguir”.

La función del artista cuya búsqueda es la belleza, es la de moldear lo vulgar hasta convertirlo en extraordinario. Aristóteles planteó: “En efecto, bello es lo que, siendo preferible, por sí mismo, sea laudable, o lo que, siendo bueno, sea agradable, porque es bueno”. Para Aristóteles, la belleza se compone de dos características fundamentales: tiene que ser apreciada por sí misma, y no por su posible utilidad –su valor reside precisamente en esta cualidad– y bello es lo que produce placer, es todo aquello que agrada y pueda causar admiración. La belleza sigue siendo hoy, aunque lo neguemos, uno de los valores del arte. La belleza, entendida como valor estético, es intrínseca al arte, si bien no será siempre su única intención.

El arte como expresión supone un hecho comunicativo. En la necesidad de identidad, se vuelve importante una nueva búsqueda: la verdad. Aquello intangible de lo cual se ha debatido por siglos sin llegar a una conclusión exacta. Dentro del racionalismo, la verdad solo puede ser vista a través de los ojos de la razón, es por ello que, la experiencia de los sentidos puede ser errónea. El formalismo busca la relación entre la lógica y la forma. La propia evolución de la ciencia ha influido en una evolución sistemática de las artes, pues cada paso que da la ciencia abre a una nueva reinterpretación de la realidad y plantea nuevos estatutos sobre una verdad aún desconocida: el conocimiento parte del signo y el discurso semiótico, en el que se busca interpretar la realidad desde un punto objetivo. Sin embargo, saber qué es la verdad plantea una indagación compleja, pues la ciencia misma, en su búsqueda de respuestas, no hace sino encontrar más preguntas.

El pensamiento filosófico de la ilustración buscó validar todo el conocimiento humano a través de la razón, como único medio de encontrar la verdad. Autores como Voltaire, rechazaron la superstición, el fanatismo y la ignorancia, basándose en la idea de que las ciencias y el conocimiento son los que construyen y encaminan el progreso humano. La imposibilidad de construir verdades inamovibles, del método científico y sus limitantes, y el fracaso de la ilustración llevan al ser a replantear su concepción de la realidad y de su conciencia, la búsqueda de respuestas, insaciable, derivan entonces en distintas ideologías, que buscan responder a distintos problemas.

Desde la perspectiva individual, las nuevas corrientes del pensamiento, principalmente el psicoanálisis, buscan arrojar respuestas al significado de los signos del inconsciente, trasladándose a su vez a un estudio antropológico y etnológico. Esta nueva visión influyó en la producción artística derivando un conjunto de nuevas tendencias que, en su búsqueda de la trascendencia y la necesidad de identidad, conformaron un amplio repertorio de manifestaciones artísticas conocidas como Las Vanguardias.

¿Quién es el artista pues, que confundido por diversas corrientes de pensamiento, intenta encontrar la esencia de su discurso, en una época en la que la humanidad empieza a despertar de un aparente letargo? Un aspecto determinante en cómo ese artista se concibe a sí mismo y se plantea ciertas preguntas es la estructura social y sus lineamientos, establecidos por los valores filosóficos, ontológicos, religiosos y sociales de los últimos tiempos. Friedrich Nietzsche hace una dura crítica a estos preceptos establecidos, evidenciado la invalidez de estos. Su discurso invita a abrazar la esencia del ser: su intensidad. “El individuo ha luchado siempre para no ser absorbido por la tribu. Si lo intentas, a menudo estarás solo, y a veces asustado. Pero ningún precio es demasiado alto por el privilegio de ser uno mismo”.

Las manifestaciones artísticas de las décadas siguientes, hasta nuestros días, han sido el reflejo del despertar del individuo, al que Nietzsche invitó. El arte ya no responde sólo a un deseo estético, una necesidad de comunicación o función de reflejo social, sino a una última necesidad: la necesidad de libertad, donde la reinterpretación, la irracionalidad, la ambigüedad, la transgresión y el cambio constante forman parte del discurso, en una época donde todo aparenta ser válido, donde existe, como afirmaría Marcel Duchamp “arte por voluntad del artista”. En ese cúmulo de estímulos, entender y comprender qué es arte y que no lo es se convierte en una tarea compleja, y la fotografía como medio de transmisión artística no está exenta.

Se dice que el arte debe provocar una reacción en el receptor, que debe ser original, que debe poseer un valor estético (sea cual fuese) que debe poder validarse, que debe expresar algo y reflejar un trozo de realidad, pero ¿Acaso la producción derivada del acto creador del ser humano no cumple y responde a eso, sea cual sea su respuesta específica?

Quizá el problema sea como lo planteó Martin Heidegger: “el problema de la filosofía no es la verdad sino el lenguaje” quizá en conclusión desde un inicio se ha planteado incorrectamente el sistema semiótico y lingüístico que rige nuestra concepción del conocimiento, quizá existan errores semánticos que, por nuestra condición no podamos validar, pues al final nuestro conocimiento está sujeto al sesgo y a ser, en esencia, falaz.

Podríamos afirmar que Arte es todo aquello que busca ser la respuesta al problema existencial del ser humano, derivado de la necesidad de identidad y necesidad de trascendencia. El arte es esa etérea medicina que busca confortar al ser del problema que plantea la conciencia, de eso que nos hace humanos y de nuestra mortalidad.

No comments:

Post a Comment